Expedicion por Numancia Street
Joder, que cansado llevas tu caminar por los viejos y trajinados adoquines del barrio de Caballito.
Más allá de la Avenida Rivadavia, cruzando las vías se encuentra esa cortadita cargada de sueños, suertes tanto malas como buenas, vidas enteras en casas bajas rebosadas de recuerdos y olor a naftalina. Y tu mirada , ajena, parte del paisaje, se metamorfosea según el clima al igual que ese delfin de plástico (recuerdo del pasado verano en la costa) que está en el aparador.
Como olvidar la primera vez que vi esos ojos, mezcla de casualidad premeditada y tardecita de verano embebida en cerveza. Salias del club con tu bicicleta y yo te observaba desde el bar de enfrente, corrí detrás de tu sombra y simulé un tropiezo estruendoso que hizo que tu figura volteara y no pudiera evitar brindarme ayuda.
Así, logré robarte unas palabras y te convencí de que me dejaras acompañarte hasta tu casa, me dijiste que se encontaba en la calle Numancia a no me acuerdo que altura (¡mentira!), y desde ese día, esa simple cuadra de barrio fue el refugio de aquel intento de acercamiento humano, que como tantos otros falló, pero es un lindo recuerdo...
Más allá de la Avenida Rivadavia, cruzando las vías se encuentra esa cortadita cargada de sueños, suertes tanto malas como buenas, vidas enteras en casas bajas rebosadas de recuerdos y olor a naftalina. Y tu mirada , ajena, parte del paisaje, se metamorfosea según el clima al igual que ese delfin de plástico (recuerdo del pasado verano en la costa) que está en el aparador.
Como olvidar la primera vez que vi esos ojos, mezcla de casualidad premeditada y tardecita de verano embebida en cerveza. Salias del club con tu bicicleta y yo te observaba desde el bar de enfrente, corrí detrás de tu sombra y simulé un tropiezo estruendoso que hizo que tu figura volteara y no pudiera evitar brindarme ayuda.
Así, logré robarte unas palabras y te convencí de que me dejaras acompañarte hasta tu casa, me dijiste que se encontaba en la calle Numancia a no me acuerdo que altura (¡mentira!), y desde ese día, esa simple cuadra de barrio fue el refugio de aquel intento de acercamiento humano, que como tantos otros falló, pero es un lindo recuerdo...

1 Comments:
At 2:10 PM,
RUFUS said…
mucha poesia en ese fallo en prosa.
mi pantalla es cuadrada pero te ha salido el post redondo.
salut i republika bananera
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